martes, 23 de abril de 2013

Capítulo 1 - [A.C] -

Publicado por Jon Fernandez en 4/23/2013 0 comentarios de almas congeladas

CAPITULO 1


Siglo XIII.
A las afueras de Burgos. 

La noche era tan intensa, que las estrellas me guiaban a casa.
                                                                        – Évalo.

Otra noche sin conseguir apenas nada, ni siquiera una simple liebre o conejo para cenar esta noche. Después de que las disputas en las cortes de Burgos hicieron que la mayoría de nosotros, los campesinos, nos muriésemos de hambre, cada noche partía para cazar con mi lanza algún animal; pero solo llevaba el saco repleto de agua fresca de un manantial cerca de una pequeña catedral, al norte de Burgos. Cabalgaba rápidamente por las tierras exteriores de Burgos, ya que los ladrones aprovechaban el brillo de las estrellas del cielo para atracar a los comerciantes ambulantes. Aún recuerdo cómo ese pobre hombre era apedreado y robado ante mí, y yo, como cobarde, escapé, ¿pero que hubiera hecho con una simple lanza de madera?, ¿rasgarles las túnicas?, mejor era escapar antes de que mi madre perdiese al último varón de la familia.
 Yo, Évalo.

Mi madre trabajaba como costurera en la corte, y como era lógico, tenía cierto criterio y privilegio en Burgos. No vivíamos mal, pero tampoco a la perfección. Antes de las disputas en las cortes, mi madre traía algo de oro a casa, incluso algún vestido que a las señoras de la Corte no les gustaba al final, pero ahora todo eso se ha perdido. Hace dos semanas exactamente de la noche de hoy, Carmen, una de las hijas de los señores de la Corte había desaparecido a manos de unos hombres de Andalucía; a raíz de ese problema, la corte de Burgos comenzaron a tener problemas, y todo su pueblo igual, por suerte, las estrellas del cielo me guiaban hacia mi hogar, donde mi familia, parte de ella, me esperaban.
- ¡Ey, Évalo está llegando, Évalo está llegando! – escuché a Tomás, mi hermano pequeño de diez años –
- ¡Tomás! – exclamo - ¿Aún despierto a estas horas? –
- Si – asintió – Es que ha llegado visita a casa, madre está con él –
¿Un hombre en casa?, me extrañó completamente porque desde que encarcelaron a mi padre, injustamente, por asesinar a tres campesinos, madre jamás ha metido a ningún hombre a casa, exceptuando a mi hermano Tomás y a mí. Me bajé del caballo, negro como la noche pero con el hocico blanco como la nieve; un regalo de mi padre. Miré a Tomás y le acaricié la cabeza, le encantaba que le revolviese el pelo, y después entré en casa.
- ¿Madre? –
Ella ladeó la mirada, sus ojos oscuros estaban empapados de lágrimas, y sostenía las manos de ese hombre de la corte tan bien vestido con esas capas azuladas y el emblema de nuestro reino.
- Évalo… - nada más dijo antes de echarse a llorar –
El hombre de la corte me miró y se levantó hacia mí a paso lento. Se quedó inmóvil frente a mí y me puso la mano en el hombro.
- Lo siento mucho – me dijo – Son órdenes de la corte –
- ¿Qué ha pasado? – pregunté sin entender lo que pasaba, solo veía a mi madre llorar y el emblema de Burgos ante mis ojos, ¿Qué estaba pasando?
- Van a ejecutar a Padre dentro de pocas horas – saltó mi madre – Le han nombrado culpable del asesinato de esos campesinos… -
- ¿¡Qué!? –
Retrocedí y aparté la mano de aquel mensajero de la corte. Abrí la puerta y eché a correr por Burgos, sin mirar atrás. Mi padre, un hombre que sacrificó toda su vida por darnos un hogar, un buen escudero de la corte y amigo del llamado Mio Cid. En ese momento, las estrellas del camino que me guiaron a casa comenzaron a caer sobre mi cabeza, destrozándome poco a poco y arañando mi alma ferozmente, como cuando un lobo va a cazar. Mi padre, el único hombre de la casa y el protector de mi Madre, iba a morir en pocas horas, y yo, siendo su hijo, su primogénito, no podía hacer nada más que aguardar a que le ahorquen, como hacen con los asesinos, y prepararle un buen funeral de un gran escudero.
- ¡Évalo! –
Me giré, con la mente en blanco y los ojos hundidos con todas las lágrimas que empezaba a caer. Calle abajo corría Tomás, con esos ojos tan claros y teñidos de sufrimiento; estaba claro que sabía lo de Padre antes que yo. Antes de que le dijese a Tomás que me dejara solo, sus débiles brazos me atraparon la cintura y se echó a llorar mientras me agarraba.
- Tomás… - dije, intentando ocultar la muerte en mi voz –
- ¿Qué… será… de… nosotros… sin… él? –
- Os cuidaré – musité – Cuidaré a Madre y a ti, Tomás, que te convertiré en un gran escudero como Padre, para que en un futuro, seas tú el que proteja esta familia –


Siglo actual. XXI
Hospital de Madrid. 

Una pérdida no debe derrumbarte, pero no debes ser vulnerable.
                                                                        – Anna.

Ha muerto. Sabía que moriría tras entrar en la UCI, sabía de sobra que el viaje a Madrid traería problemas, sabía el por qué el médico no nos quiso contar nada por teléfono. Sabía que iba a morir. Ante mí, como me esperaba, mi madre firme como siempre, pero con la sonrisa apagada y la mirada hundida observando vagamente el pasillo por donde se llevaron a mi padre. Está dolida, pero por mí, se guarda las lágrimas para no preocuparme; sabe que debe sacarme hacia adelante, y sabe que ahora ella debe ocuparse de que no nos hundamos. A mi vera, una señora mayor llora por la pérdida de su marido, pero al menos está acompañada de sus familiares; no como nosotras, que solo nos tenemos la una a la otra.
- Anna, vamos… nos espera un largo viaje hacia Burgos –
Asentí. Vivimos en Burgos, y este año ha sido muy malo para mi familia. He repetido el último curso de la E.S.O., y me espera conocer caras nuevas, y después, el ingreso del hospital de mi padre en Junio, que hasta finales de Agosto, hasta hoy, quince de agosto, falleció. Este año ha sido duro para todos y no sé cómo afrontar esta situación. Quizás tomar la figura de mi madre, mantenerse fría pero constante, caminar sin hundirte y levantar alta la cabeza para no dar lástima y recordar el dolor.
- ¿Dónde está el coche? – le pregunto –
- En el centro, tendremos una pequeña caminata cariño, ¿vamos? –
- Si… -
Decidido, seré tan fría conmigo misma que mantendré en memoria a mi padre para siempre.

Madrid lo dejamos atrás. Una bonita ciudad sí, pero ahí hemos sufrido por activa y por pasiva. El coche fúnebre va delante de nosotros yendo para Burgos, al tanatorio para prepararlo. Yo he decidido no ir, ya que prefiero recordar a mi padre con una sonrisa que como está ahora; no podría ni podré. Lo siento por ser tan egoísta. Cuando atravesamos el peaje, ya sé que nos queda casi quince o veinte minutos para llegar a casa, aparte que se ve a lo lejos parte de Burgos alzándose entre unas colinas mientras que el sol de la mañana se alza con fuerza. Hoy era un día abrasador en España, y no quería imaginar cómo se estaría en Burgos ahora mismo.
- Ya estamos llegando – me dice mi madre, bajando la ventanilla - ¿Estás bien? –
- Cansada – contesto – Quiero llegar a casa … -
Noto como acelera mi madre por el camino empedrado adelantando al coche fúnebre que llevábamos desde Madrid. Atajando por un camino oculto entre la maleza, llegamos a Burgos, mi hogar. Todo sigue tal cual, a excepción de algunos locales que abrían a finales de Agosto; entre ellos un bar llamado El Ojo, y la apertura de una antigua Biblioteca. Me encanta los libros, es una cosa que mi padre me enseñó desde pequeña; amar a la literatura como a tu propia vida. El primer libro que me regaló fue La Celestina, una obra que por mi opinión, es fabulosa.  De repente, el coche frena en seco y mis pensamientos salen disparados por la ventanilla cuando veo que, delante de nuestra casa, hay una furgoneta blanca de mudanza. Vivimos en un pequeño barrio de Burgos, en un adosado, un lugar bastante tranquilo y agradable, ya que todos los vecinos nos conocemos entre todos, y seguramente, que cuando recibieron la noticia de mi padre, se derrumbaron a la par que nosotras.
- ¿Qué pasa aquí? – vociqueó mi madre desde la ventanilla - ¡Ese es mi garaje! –
De la furgoneta baja un chico, casi de mi edad, pero esa barba de tres días le hacía más mayor. Nos miró, pero más a mi madre que andaba histérica, y después, detrás de él y bajando de la furgoneta, apareció una muchacha con una lámpara en sus manos.
- ¿Perdón? – el chico soltó la caja y se nos acercó –
- Ese es nuestro garaje, creo que os habéis confundido de casa – le dijo, secamente y señalando la casa de enfrente donde tenía el cartel de VENDIDO
- ¡Disculpa a mis hijos! – exclamo un hombre, de la misma edad que mi padre, pero con lentes y barba como su hijo – Somos nuevos y bueno, nos hemos liado un poco. Disculpa –
Mi madre asintió. Si fuese otra situación, mi madre ya hubiera pegado varios gritos, e incluso arrancado algunos pelos, pero estaba tan fría que apenas le salía esa faceta.
- Son mis hijos, Dessy y Matheo – nos dijo – Venimos de Canarias –
- Oh bien, interesante – dijo sarcástica - ¿Podemos entrar en mi garaje?, quiero aparcar, ¿sabes? –
- ¡Oh perdón! – exclamo - ¡Matheo, arranca la furgoneta! –
- ¡Vale papá! –
Ladee la vista frente a mí y vi a ese tal Matheo subirse en la furgoneta. Dio marcha atrás y después avanzo, dejando el garaje libre. Mi madre suspiró, agarró fuerte el volante y se adentró en el garaje. Hoy era un día muy duro para nosotras, y lo que necesitábamos ahora mismo era paz y tranquilidad.

Alma Congelada [A.C]

Publicado por Jon Fernandez en 4/23/2013 0 comentarios de almas congeladas



Alma Congelada


En el siglo XIII, dos amantes donde no pudieron fundir su amor, fueron condenados por la mismísima muerte, pero ese amor, aún perdura en nuestro siglo, cuando Anna regresa a Burgos tras la muerte de su padre, poco a poco despertará ese alma tan congelada que la muerte le entregó.

Un amor del pasado, un destino en nuestro presente y un futuro incierto. 

Dos almas atormentadas por ser libres en su tiempo y en el nuestro.




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Nota del autor: Hola a todos, bien, como he dicho en el evento, es similar a Cordeluna, pero solo una pequeña y ligera idea, no he cogido todo el libro y lo he retocado a mi modo, NO. Bueno, os explico unos detalles. En cada capítulo la historia será narrada por un personaje en primera persona, y narraré parte del pasado primero y después el presente (o a la inversa). Espero que os guste mucho esta idea  dejadme comentarios de Almas congeladas en esta misma entrada para saber vuestra opinión, ya que es la primera vez que escribo este género.
¡Saludos a todos!
 

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